Archivos para enero, 2011

En la exquisita y breve galería Espacio mínimo de la calle Forquet de Madrid, frontera entre el Barrio de las Letras y Lavapiés, Liliana Porter, la consagrada artista argentina que reside en NYork, expone su muestra Supporting with levitating Rabbit.

Aquí, en exclusiva, algunas de las obras:







Click en las obras para agrandar.


La galería parisina Magda Danysz lleva a Shangai una serie de selectas fotografías del diseñador de modas, ahora divo de Chanel y creador de varios perfumes que se impregnan en pieles de hombres y mujeres, Karl Lagerfeld.



Su faceta como fotógrafo es la menos conocida. Lagerfeld comenzó a realizar fotografías en 1987 para las campañas publicitarias de Chanel, Fendi y sus sucedáneos.



Amante del blanco y negro, Lagerfeld experimenta con la fotografía a través de diferentes soportes, construye cada obra como escenas de una película, en cada una hay una narración que refleja su visión del mundo. En algunas de ellas se aprecia la influencia del cine mudo y en otras parece decirnos que vive en otra era, superpuesta a esta: su mundo paralelo.

Las obras que se expondrán en Shangai a partir del 21 de enero fueron realizadas en colaboración con Adnan Taletovich, modelo y fotógrafo, que colaboró con Lagerfeld en numerosas sesiones de fotos como asistente y también como modelo de sus fotografías, convirtiéndose en uno de los temas favoritos del diseñador: “Cada foto tiene más de actuación, no es tanto posar como modelo”, afirma Adnan.



Esta particular colección no sólo muestra caras conocidas del mundo de la moda como Linda Evangelista, Helena Christensen and Patricia Velasquez, también refleja el estilo artístico y la maestría de un gran diseñador puesto tras la lente de una cámara.
En 18 Gallery de Shangai hasta el 20 de febrero.

La muestra de la Tate Modern que abrió el 30 de noviembre, con sus 150 obras, intenta presentar a un personaje que vaya más allá del ícono masivamente conocido. Es decir el artista –pionero del postimpresionismo- que, con espíritu supuesto romántico viajó a Tahití para alejarse del encasillado mundo europeo y allí descubrió la sensualidad y los gozosos volúmenes de los cuerpos femeninos que no se cansó de retratar. Nadie duda en imaginar un cuerpo femenino en el medio de un paisaje tan frondoso como el cuerpo retratado cuando se dice la palabra “Gauguin”. Y es así como el artista creó su mito, era conciente que con su retirada a los mares del sur estaba dando un portazo pero también creando a un personaje y a un público capaz de consumirlo. Inspirado por la flora tropical, la fauna y la vida de Tahití, se fundió con la cultura del lugar y observó sus rituales y mitos, potenciando las obsesiones de su obra que ya, previo a este viaje que marcó su vida y su trabajo, implicaron la continuación de su tarea anterior en Bretaña, Martinica y Arles, en donde Gauguin inició su reflexión alrededor de la religión, la fábula, el mito y la tradición.



En la muestra de Londres, se puede apreciar mucho más que la parada tahitiana, sobre todo lo valioso de esta retrospectiva es cómo se narra de qué modo Gauguin va urdiendo su viaje y su relato.
Antes de ser pintor era un broker, dedicado a las actividades de la bolsa, trabajo para el que fue minuciosamente educado. Formó una familia con una pintora amateur, Mette Gad, y tuvo cinco hijos. Los comienzos de su obra como pintor, extrañamente a lo que el mito creado por el pintor permite recordar, están plagados de interiores que narran las tensiones de la vida doméstica.
Muchos de sus interiores –en colores pasteles, contrastadísimos con el estallido de color que provocó su viaje “exótico”- representan una reflexión sobre aspectos de la vida casera, donde se esconden dramas que se expresan en pequeños detalles o sutiles alusiones como en The litllte one is dreaming –La pequeña está soñando- donde una niña reposa en un diván y un juguete, más precisamente un payaso, generan una ruptura en el equilibrio aparente del cuadro y lo siembran de inquietud.
La aproximación de Gauguin a uno de los temas más explotados de su obra, la idea de lo femenino, cambió con el tiempo, tal como se demuestra en esta retrospectiva, y dio un giro absoluto desde el momento en que el artista decidió convertirse en un artista-turista.
Sus viajes a lugares exóticos –no hay que olvidar que pasó parte de su infancia y adolescencia en Perú- fueron realizados para poder conocer cómo se desarrollaba la vida en sociedades premodernas. En estos espacios fue donde logró prefigurar mujeres sin tiempo más que mujeres particulares, mujeres que nacieron de historias de cuentos tradicionales de cada una de las regiones que visitó, pero también de la Biblia y de la mitología clásica. Sin embargo, Gauguin se resistió a pintar muchas de las convenciones de la representación alegórica y en vez de idealizar la figura femenina eligió introducir elementos distorsionantes o grotescos. Su interés por el mito del llamado eterno femenino se relaciona sobre todo por la misma atracción que durante la misma época atravesaron los escritores simbolistas.
En la retrospectiva es muy destacado el apartado dedicado a la mujer imaginada por Gauguin y a sus personajes femeninos. Entre ellos se destaca Ondine, que parte de las observaciones de los relatos alemanes, la mujer sumergida en las olas del deseo y la infidelidad. Y ésta Ondine, mejor su idea, volverá en los retratos de mujeres que va a realizar en Tahití.
Eva, la mujer fatal por excelencia para la cultura occidental y cristiana, es presentada en el imaginario del artista con dos representaciones contrastantes. Las dos Evas de Gauguin luchan con distintos estereotipos: una yace acurrucada, como avergonazada de sí; la otra se alza orgullosa y desafiante. Una es la Eva caucásica, la otra es la Eva exótica. En la primera Eva había una serpiente; en la segunda, dado que en Tahití ese animal no existe, eligió la amenaza de la naturaleza como objeto de tentación y “pecado”.
Gauguin, forjador de un mito, presenta, además, toda la gama de soportes en los que trabajó el artista: pintura, grabado, acuarela, cerámica, tallas y objetos decorados. Junto a ellos se exhiben cartas, libros de apuntes, memorias y artículos de periodismo, que revelan sus ideas más íntimas sobre su trabajo y sobre su intrincado pensamiento sobre su propia producción.
La muestra podrá verse hasta el 9 de enero. Luego viajará a Washington, al Nacional Gallery of Art donde estará colgada hasta finales de junio de 2011. *

No sólo nieva en una de la ciudades más vibrantes del mundo. La marcha de galerías y museos durante este crudo invierno no tiene fin.

La pintora Giorgia O’Keefe retratada por el amor de su vida, Alfred Stieglitz.

Elegí una muestra para compartir. Me refiero a Our future is in the air, photografies from 1910 (Nuestro futuro está en el aire, fotografías de 1910) que se exhibe en el Metropolitan Museum de NY.

Esta muestra complementa la exhibición de los fotógrafos Stieglitz, Steichen, Strand que se exhibe simultáneamente en el Met.



Doylestown House—The Stove, Charles Sheeler, 1917

Clickeá los dos links y ahí están las fotos de ambas muestras para que la veas cuando tengas tiempo, te las bajes, las disfrutes, te nutras con todos esos ojos que quisieron captar algo tan complicado com la belleza en las vanguardias fotográficas del SXX.



Las manos de Giorgia por Alfred

Brazil series es una exposición de 40 pinturas acrílicas realizadas por la leyenda del rock, Bob Dylan, por encargo de la National Gallery de Dinamarca en Copenhague.

Según el curador de la exposición, Kasper Monrad, este pedido fue realizado a Dylan dado sus numerosos viajes a Brasil y lo qué él considera una virtud del gran Bob: una intensa conexión entre su música y su pintura. Una conexión que unifica talento.
Para Bob, en cambio, nunca logra lo mismo con una canción que con una pintura: la sensación de una pintura terminada expresa “es muchas veces superior a la de una canción, es siempre algo que no puedo expresar con la música. Es otra cosa”.



La exposición, que se podrá ver hasta el próximo 30 de enero, está compuesta por pinturas figurativas centradas en el estado de Bahía. La paleta oscura que elige Dylan es bien distinta a la que dicta lo que se podría llamar “imaginario brasileño”.

Lejos del tropicalismo de todo tipo, cierta oscuridad invade las obras y eso seguramente apunta a cómo ve la miseria y el dolor de un lugar pintoresco, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, pero que hoy -como muchos otros sitios de nuestro continente- son violentados por la pobreza extrema.

En ninguna obra, sin embargo, la pobreza está tocada como color local, un cierto dolor, una cierta herida, parece atravesar la mirada del músico y aquí están estas obras, soplando en el viento.