Archivos para julio, 2011

Desde 1964 y durante casi treinta y nueve años Alécio de Andrade, fotógrafo y pianista brasileño que vivió y murió en París,  recorrió las salas del museo del Louvre, tomando más de 12 mil fotografías. Cada una de ellas, usando como armas el sentido del humor y la ternura, revela tanto la apropiación de los espacios del museo por el público, como las relaciones, a veces insólitas, que se establecen entre los visitantes y las obras de arte.

Sin intención de buscar un orden cronológico ni de catalogar las transformaciones sufridas acaecidas en el museo a través de los años, la exposición reúne 88 fotografías que, ahora puede verse en la Casa de América de Madrid , funciona también como un amplio catálogo de tipos sociales y de reacciones, desde la del avezado estudioso que escruta los cuadros a un centímetro de distancia hasta la festiva indiferencia de los niños.

La moda en maquillaje, vestimenta, modelos de sociedad se destilan en estas fotografías, una cuadro de situación de hombres y mujeres ante una catedral del arte en el mundo y sus obra icónicas.

A la sombra de los Alpes Marítimos franceses crecen en grandes extensiones las plantas aromáticas. De ellas se extraerán las armas secretas que modulan las leyes de la atracción.

Provenza es también una tierra que encierra el embrujo del aroma. Carga sobre el enigmático pueblo de Grasse con la historia de aquello que hombres y mujeres usaron como un ritual que creció bajo el soplo perfumado de distintos poderes y creencias. Para limpiar los cuerpos cuando abandonaban la vida, para ahuyentar la envidia de los cuerpos aún vivos y finalmente para cotizar en el más sofisticado de los juegos del poder, la seducción. Así es; a 12 kilómetros de Cannes y a 30 de Niza, Grasse se erige, fantasmal y luminosa, como la capital mundial del perfume.

 Una ciudad gótica abandonada por sus habitantes aristocráticos que dejaron en ella la huella de sus exquisitos edificios, de sus pequeñas plazas con fuentes y canales ahora enterrados, de sus hogares con terrazas y vistas a los Alpes y al mar y, sobre todo, que afianzaron su herencia en tres museos para el recuerdo de un estilo de vida en extinción.

Hoy sólo se escucha en sus calles el balbuceo entremezclado de los turistas con las voces cada vez menos extrañas de una inmigración más arraigada que emergente. Ese sonido es el rumor de la ciudad, que mientras se recorre parece abandonada desde hace un minuto, como quien huye de una plaga. En cambio, en las esquinas centrales donde se alza la zona del villorio moderno se encuentran los laboratorios en los que se destilan las fórmulas mejor guardadas del mundo, las que construyen la esencia de los perfumes y articulan una riquísima industria. Secretos escondidos con ingenio, pero mostrados en cuotas de un rompecabezas que nunca se podrá armar a cualquiera que se atreva a husmear entre ellos.

Además de las destilerías de las distintas marcas -Fragonard, Galimard y Molinard, entre otras-, Grasse cuenta con un museo único. Se trata del Museo Internacional del Perfume. En él se puede comenzar a desgranar el costoso secreto conociendo los procesos de creación de las esencias, de destilación y de extracción. Las tres etapas de un perfume. Cuenta además con una primera planta en la que se exhiben con lujo y buen gusto todos los frascos de perfumes diseñados hasta el momento, desde una deliciosa miniatura con forma de mano del siglo XV hasta el frasco cibernético del más arriesgado diseñador francés contemporáneo. La creatividad en el dibujo de las etiquetas ocupa otro piso y constituye una verdadera muestra de la historia del arte y del marketing desde el siglo XV hasta nuestros días.

Pero el mayor aliciente es el que el visitante puede encontrar en la terraza, donde tendrá el placer de oler las esencias base desde las que se elaboran los perfumes. En un invernadero especialmente diseñado para tales efectos, con luz y temperatura estudiadas, se puede asistir a una fiesta privada donde la propia nariz se deleita en cada breve inspiración. Ese momento mágico vale la visita a Grasse. Es la orgía sibarita del aroma. Pero el viaje aún no termina, porque Grasse, tímida y pequeña, tiene aún más para mostrar.

La ciudad gótica abandonada tiene en la plaza del Puy una catedral del gótico temprano con fachada lombarda en cuyo interior se encuentra una riqueza insospechada: tres cuadros de Rubens y dos de Fragonard, pintor nacido en Grasse que cuenta, además, con su propio museo.

La ciudad vieja puede recorrerse sólo a pie, y además de su catedral destacan la antigua plaza de Aix de Aires -donde se ubican las mejores terrazas para almorzar, tomar un café o un trago al aire libre-, la plaza de la Poissonerie, donde se instalan los talleres de los artistas plásticos de la zona, y la variopinta Rue de Maribeau, donde se encuentra el Museo de Arte e Historia de Provenza, cuyo recorrido permite conocer las costumbres de la zona en su momento de apogeo medieval.

Las fotografías que acompañan este post son diversos diseños de la marca de perfumes Lalique, caracterizadas por la originalidad y belleza de sus frascos.

El artista libanés, Rabih Mroué, nacido en Beirut en 1967, llega la semana entrante a Buenos Aires para presentar dos de sus obras en el Teatro de la Cooperación: Make me stop smoking y The inhabitants of images.
Sus obras, performances y vídeos se caracterizan por el minimalismo escenográfico.

Desde el inicio de su carrera profesional en 1990 hasta hoy, ha cosechado un extendido reconocimiento por su excepcional talento y profundidad y por el carácter innovador de su obra, que ha sido exhibida por toda Europa y Asia.

En una continua búsqueda de nuevas y contemporáneas relaciones entre los diferentes elementos y lenguajes del teatro arte, Mroué cuestiona las definiciones del teatro, la relación entre el espacio y forma de la representación y, consecuentemente, indaga en cómo el intérprete se vincula con la audiencia.Sus trabajos tratan acerca de los temas que han sido acallados en el actual clima político del Líbano. Le otorga una muy especial atención a los contextos políticos y económicos por medio de un teatro semi-documental. De la práctica teatral a la política y del problema de las representaciones a la vida privada, su búsqueda de la verdad empieza a través de documentos, fotos y objetos encontrados, fabricando otros documentos, otras “verdades”: es como si el trabajo se volviera para él una mesa de disección de los turbios procesos de la sociedad libanesa. Con la acumulación de materiales, se despliega una saga surrealista de la que surge la afirmación de que “entre la verdad y una mentira, no hay más que un pelo”.  

Make me stop smoking es una conferencia-performance en la Mroué reconstruye el radicalmente heterogéneo panorama político del Líbano, destruido por crisis y guerras, con la ayuda de incontables documentos anónimos y personales que él reúne para crear un complejo sistema de narraciones divagantes. Así, cuestiona la veracidad de esta “realidad” reconstruida. ¿Qué pasa cuando una realidad es reapropiada a través de sus representaciones archivadas?
 
“He estado recolectando material sin valor durante alrededor de diez años, poniendo mucha atención en su arreglo, documentación, orden y preservación de cualquier posible daño o deterioro. Este material está conformado por recortes de periódicos locales, fotografías, entrevistas, noticias, extractos de programas televisivos y otros objetos… hoy tengo algo que se asemeja a un archivo, o, digamos, poseo un archivo real que se relaciona sólo conmigo: una suerte de memoria adicionada que ocupa distintas esquinas de mi espacio doméstico, a pesar de que no la necesito. Se trata de una memoria inventada que me agota y de la que no me puedo liberar. Por esta razón, voy a dejar al descubierto partes de mi archivo, ansiando que al hacerlo público pueda deshacerme de este peso. Será mi intento de destruir la memoria que no sabe cómo borrarse sola”. 

Por su parte, The inhabitants of images c
onsiste en tres capítulos, cada uno de los cuales cuenta una historia diferente a través de fotografías. Mroué, con ironía y humor, comenta sobre “intervenciones fotográficas” usadas para afiches de propaganda política en las calles de Beirut. Se encuentra así con las necesidades de espectadores menos informados, que no están familiarizados con la historia de los países árabes, mientras al mismo tiempo estimula la interacción intelectual con la audiencia, proveyéndole nueva información que debe seguir con atención.
“Creo que esta foto fue tomada después de la muerte de Nasser (ex presidente egipcio) y de Hariri (ex primer ministro del Líbano)” dice convincentemente Mroué durante su puesta. La audiencia responde con risas, sabiendo que puede ser engañada por la manipulación de las fotos: la imagen muestra a Nasser y Hariri parados juntos en un jardín, cuando, en realidad, nunca se conocieron. Así, Mroué emprende un complejo análisis sobre el uso y abuso de las imágenes con propósitos políticos e ideológicos.
 

Cristian Boltanski, el artista contemporáneo francés más cotizado y a la vez más vanguardista, expone desde el viernes  en Es Baluard Museu d’Art Modern i Contemporani de Palma su ensayo lumínico Signatures,

La muestra fue ha pensada expresamente para el Aljub de Es Baluard, el antiguo aljibe del siglo XVII transformado en sala expositiva.

Signatures, la primera exposición individual de Christian Boltanski en Es Baluard, se lleva a cabo mientras el artista representa a Francia en la Bienal de Venecia 2011 y está centrada en la memoria de aquellos que construyeron el Aljub y el baluarte de Sant Pere, donde se ubica actualmente Es Baluard.

Christian Boltanski construyó buena parte de su obra en aquello que es indisociable de sus orígenes. El Holocausto, la memoria y la muerte  son algunos de los temas a los que remite su obra -que abarca fotografía, escultura, cine y sobre todo instalaciones-.

La  instalación Signatures también parte de la “memoria” como elemento discursivo. Aunque, en esta ocasión, el artista se inspira en la memoria de las piedras. Concretamente, en los símbolos que están grabados en las piedras de los muros del Aljub y del baluarte.

El crítico de arte Fernando Huici describe en el catálogo de la exposición que dichos signos “corresponden a una tipología de marcas empleadas por los canteros para identificar el trabajo realizado por cada uno de ellos y poder determinar así el salario que les correspondía. El artista galo ha tomado para su instalación una veintena de esas marcas lineales que ha reproducido en neón y que, sustentados cada uno de ellos en un soporte que lo mantiene elevado, emergen como signos de luz, rompiendo las tinieblas, de la penumbra general de la sala del aljibe”.


Boltanski en Mallorca


Boltanski en Venecia