Archivos para octubre, 2011

La artista inglesa Tacita Dean, una cineasta experimental, cierra el proyecto sponzorizado por Unilever en el gran hall de la Tate Modern de Londres.

El espacio gigantesco, totalmente oscurecido, ahora exhibe Film, una película muda de 13 minutos que se expone en loop mientras el museo está abierto al público.

Acá van 10 minutos de esta obra, sólo sonorizada por el ruido ambiente. Hacé la prueba de bajar el sonido de tu computador y mirala incorporando los sonidos del lugar desde donde las estés mirando.

Tomá el mando de tu propia visión.

 

Cuando empecé a interesarme por la fotografía artística tuve un crash inmediato con la obra de Diane Arbus, al punto tal que parecía que era la única fotógrafa que conocía. Me compré todos los libros que estuvieron a mi alcance y leí la excelente biografía de Patricia Bosworth apenas salió en inglés. Amor ciego a su obra.

Ahora una gran retrospectiva que incluye 200 fotografías, las más icónicas y dicen que otras no muy desconocidas, se exhiben en la primera gran retrospectiva que París le dedica a la fotógrafa estadounidense y que puede verse hasta febrero de 2012.

Tiene lugar en la Jeu de Paume, ese hermoso espacio emplazada en el comienzo de las Tulleries. La muestra está organizada por la Jeu de Paume, Paris, en colaboración con el Estate of Diane Arbus LLC, New York y la participación de Martin-Gropius-Bau Berlin,
Fotomuseum Winterthur y el  Foam Fotografiemuseum Amsterdam.

Volemos a París a sorprendernos con su obra. En mi caso, aunque la haya visto una y otra vez, no deja de conmoverme.

El artista chino Ai Weiwei fue reconocido  como la persona más influyente en el mundo del arte, según la revista ArtReview. El artista chino encabeza en 2011 la lista que elabora cada año la prestigiosa publicación con creadores, galeristas, críticos y otros profesionales. La noticia cayó como una bomba en China que no reconoce los méritos artísticos de Weiwei y atribuye su escalada a la persona más influyente del arte contemporáneo mundial a razones estrictamente políticas.

Ai Weiwei, que fue operado en 2009 de un derrame cerebral tras recibir una paliza en dependencias policiales, se encuentra en libertad provisional después de pasar 80 días en la cárcel, sin acusación formal, sin asistencia de un abogado y sin comunicación a sus familiares del lugar donde se encontraba detenido. La liberación del artista chino más conocido en occidente se produjo sólo unos días antes de que el primer ministro chino iniciara un viaje oficial a Europa.Ahora ArtReview lo sitúa al frente de las personalidades más destacadas del mundo de las artes visuales, un reconocimiento que recae casi todos los años sobre art dealers y gestores culturales. Es raro que un artista goce de este privilegio.  Según la influyente publicación, Ai goza en estos momentos de más influencia que Hans Ulrich Obrist, director de la Galería Serpentine de Londres, y que Glenn D. Lowry, director del MoMA de Nueva York. Les siguen en el Top Ten de la clasificación el galerista estadounidense Larry Gagosian; Anton Vidokle, Julieta Aranda y Brian Kuan Wood, coeditores de la revista E-flux; Nicholas Serota, director de la Tate Gallery; la fotógrafa estadounidense Cindy Sherman; los galeristas Iwan Wirth y David Zwirner; y la comisaria de exposiciones Beatrix Ruf. Y en en el número 25 se encuentra la coleccionista venezolana Patricia Cisneros, creadora de una de las más importantes colecciones de arte contemporáneo latinoamericano en el mundo. No hay otro latino en el top 100.Según Arteinformado, Ai Weiwei, que tiene 53 años, se hizo mundialmente famoso cuando formó parte del equipo de artistas que diseñó el Estadio Olímpico de Pekín. También obtuvo gran resonancia con la instalación que diseñó para la Sala de Turbinas de la Tate Modern de Londres, con 100 millones de pipas de girasol modeladas en porcelana por un millar de artesanos de su país. La obra se titulaba ‘Semillas de Girasol’ y remitía a los recuerdos de su infancia, cuando un puñado de pipas era todo lo que tenía para comer. El artista asocia también esas semillas con los carteles de la Revolución Cultural maoísta, en los que se presentaba al lider del Partido Comunista Chino como el sol, y a sus súbditos, como girasoles que miraban en dirección a Mao.

Ai decidió instalar su nuevo centro de trabajo en Malu, donde se pretendía crear una “aldea de artistas” para reactivar la deprimida economía de la zona. A pesar de ello, El gobierno de Shanghái decidió arrasar la construcción después de que Ai Weiwei pidiera desde Londres una “mayor apertura” del régimen heredero de la Revolución de Mao Ze Dong.

Meses más tarde, el Centro Ullens de Pekín canceló la primera exposición que se iba a celebrar en China con fotografías, esculturas e instalaciones de Ai que fue detenido el 3 de abril en el aeropuerto de Pekín cuando se disponía a viajar a Hong Kong. Los agentes dijeron a su acompañante que el arista tenía “otros asuntos que atender”, por lo que no subiría al avión. Medio centenar de policías se presentaron después en su estudio para requisar todos los archivos informáticos e interrogar a sus ayudantes durante horas. La semana anterior a la detención, la Policía estuvo allí tres veces para identificar a todas las personas que se encontraban en el interior, y verificar los permisos de estancia de los extranjeros.

Ai Weiwei fue liberado 80 días después a causa de su “buena actitud, y tras confesar sus crímenes”, según la versión de las autoridades chinas. Una nota distribuida por la agencia oficial Xinhua informó que Ai está acusado de “evadir una gran cantidad de impuestos” y de “destruir intencionadamente documentos contables”, delitos que acarrean entre 7 y 10 años de cárcel según la legislación china.

Ai Weiwei ha sido en 2011 protagonista indiscutible del Gallery Weekend de Berlín, un acontecimiento en el que participan la mayoría de los galeristas berlineses, y cuyo epicentro estuvo en la galería Neugerriemschneider, donde se expusieron dos de sus obras. Los responsables del establecimiento decidieron seguir adelante con la exposición a pesar de que su creador no podía asistir a su inauguración por imperativo policial.

Reporteros sin Fronteras atribuye la detención de Ai Weiwei al margen de cualquier legalidad, incluso la que establece el propio régimen de Pekín, a que “el Gobierno chino está incrementado su acoso a los disidentes, y tratando de silenciar a los críticos”, desde que comenzaron a proliferar en Internet los llamamientos para secundar un alzamiento parecido a los que se han producido en contra de las dictaduras del norte de África. Museos como el Guggenheim y el MoMA de Nueva York, la Tate Gallery de Londres, el del Condado de los Ángeles, la Bienal de Guanyú y otras importantes instituciones culturales apoyaron también los manifiestos de protesta en los que se reclamaba su liberación.

La aluciante instalción de Tsang Kin Wah, El quinto sello,  puede verse en el Mori Museum de Tokio en el marco de MAM, los proyectos paralelos que acompañan cada muestra central de la institución.

La video instalación, incluye leds, letras y música y mucho de psicodélica en un cubo blanco envolvente en el que el espectador, al ingresar, entra en un viaje.

Si me sobresen unos euros, iría a Tokio en un rush, subiría al piso 54 del Roppongi Hill building donde está el museo y, luego de echar una mirada a la vistas  de 360 grados de la ciudad, entraría al cubo blanco, ahora oscurecido, y vería la sobra de Tsang.

No me sobra y viajo desde La Forastera.

Tsang Kin Wah es uno de los más reputados artists chinos contemporáneos. Nació en 1976 y estudió en Londres y Hong Kong, donde reside actualmente. Sus obras son exhibidas en Beijng, Paris y New York,  entre otras ciudades.

En el Mori pude verse su última instalación de la serie The fifth seal, un conjunto de siete video instalaciones, en todas ellas se proyectan textos sobre la pared, el piso  y el techo en un espacio oscuro.

Estos trabajos con sus letras arman frases que presentan interrogantes que incluyen desde la Biblia hasta la política o la filosofía.

“Me interesa la vida cotidiana de gente que, por suerte, nunca será parte de sucesos noticiosos. Fotografío lo más banal, lo obvio y lo anodino porque ahí siento que encuentro la poesía más íntima de la condición humana, todo elabanico de sentimientos yemociones que son parte de nuestra existencia diaria”,

aclara Ernesto Bazán, el fotógrafo italiano que vivió durante 14 años en Cuba. El resultado de esta intensa vivencia se traduce en la publicación de tres libros de fotografía.

El primero, Bazan Cuba, fue publicado en 2008 y mereció el premio al Mejor libro de fotografía en New York. Totalmente en blanco y negro, Bazán nacido en Palermo, narra Cuba en clave neorrealista.

Al campo, es su segunda y más reciente entrega de estas vivencias, ahora ya abandona el blanco y negro y carga de color sus imágenes.

Una selección de obras de ambos libros, puede verse en estos días en la galería madrileña Rita Castellone, mientras aguardamos que salga el tercer volumen de esta experiencia de vida.

Hasta la vista!

Es uno más de la comunidad artística porteña. Hablo del ítalosuizo Gian Paolo Minelli, vecino del barrio de San Telmo, donde vive parte del año, alternando sus días con Ticino, la pequeña ciudad suiza donde comenzó a delinear el tipo de artista que es hoy.

El martes 4 de octubre inaugura en Bellinzona su nueva muestra Il nemico è l’età  (El enemigo es la edad) curada por Anna Lisa Galizia donde reúne sus trabajos y fotografías recientes. Vuelve a mostrar Arrastre (2006), el conmovedor y audaz trabajo que realizó en Piedrabuena, en la periferia de Buenos Aires, con los ojos muy abiertos pero sobre todo con el corazón en sintonía y respeto por los jóvenes “trajinados” a los que retrataba. “Con la misma aproximación humanista”, como dice su curadora, Minelli muestra ahora su trabajo más reciente, Cite Desnos, realizado en la Ciudad de los poetas en la periferia de París, a minutos de Le Marais, el barrio de las galerías y de los bares de moda de la capital francesa, pero que no se parece en nada al mismo. Es un barrio habitado pero a punto de ser demolido. Minelli no sólo se detiene en las que quizá fueron exquisitas estructuras arquitectónicas, en todo casi si lo hace, es siempre una excusa para escuchar a la gente, para hacerlos hablar y sobre todo para escucharlos y a través de la palabra dada, devolverles su dignidad. Así, recorre la vida de cinco personas con quienes quería indagar precisamente qué tipo de conexión existía en sus vidas con ese espacio pero se dejó ganar por el deseo de sus “personajes”, ellos evocar sus afectos pasados y sus pasiones, aquellos que fueron suspendidos por esas cosas de la vida, de esas vidas truncas donde el tiempo quizá pasó acelerado, no como una posibilidad sino como una afrenta. Y llego la vejez sin posibilidad de saldo.

Si en Arrastre los jóvenes eran invitados a tener un espacio visual y auditivo, en Cite... son los mayores los que cuentan cómo la vida se fue desmenuzando hasta convertirse en un recuerdo. En ambos casos, la edad aparece como el enemigo de las imposibilidades y de la felicidad y la ausencia injusta de esa posibilidad, la de ser felices, es quizá la búsqueda empecinada que hace Minelli tras su cámara, con sus ojos y su corazón alertas y les suma su oído afilado. En Arrastre y Cite… da la palabra a quienes raramente son escuchados. Convierte sus cuerpos en la evidencia de su existencia pero hace de sus dichos algo más que el ruido rencoroso de palabras hiladas al viento: son relatos de historias de vida de distintas periferias -aunque los bordes siempre se parecen- donde se los esconde como despojos, vuelven a la vida desde estos retratos de Minelli y, al volver, recuperan la posibilidad de buscar ser felices y, quizá, hasta lograrlo.

Eso es lo que tiene el arte de Minelli, no mira con compasión, su mirada proactiva devuelve la ilusión a aquellos que ya habían olvidado el significado su una palabra que es motor de vida. No sé si se da cuenta, quizá su búsqueda sea otra, o además también otra pero el resultado parece cruzar el límite del cuadro y la pantalla y se planta en esas calles habitadas antes por fantasmas que recuperan parte de su humanidad arrebatada.

“El enemigo es la edad”, habla del poder que para serlo necesita de esos márgenes deshumanizados, el enemigo es la larga data de ese poder, su larga vida impune.

La muestra pasará por París y luego, sólo luego, tendrá su parada en Buenos Aires.

Esperemos, esperamos.