Archivos para enero, 2012

Vive y trabaja en Madrid pero nació en Francia. Recientemente pude ver la obra de Pierre Gonnord en la galería Hasted Kraeutler de New York. Una serie de rostros fotografiados con crudeza que destilan su propio dramatismo y que él denominó “Testigos”.

En coincidencia con lo que para mí fue el descubrimiento de un artista, recibo una noticia: La Fábrica Editorial de Madrid presentará la semana que viene un libro con su obra.

La cita será en la Librería de La Fábrica (c/ Verónica, 13. Madrid) el 1 de febrero a las 7pm  y Gonnord estará presente.

El libro reúne cincuenta y seis fotografías en color realizadas entre 2003 y 2010 para distintas series. Retratos poderosos que remiten a referencias pictóricas y plasman la esencia de personas que corresponden a realidades sociales específicas y que justamente por eso, según Gonnard, “crean otro parámetro de belleza”.

Desde 1920 hasta los 60, los más encumbrados circuitos del arte y la modo se rindieron ante el talento del fotógrafo inglés Cecil Beaton, no sólo fotógrafo de modas, sino también diseñador de vestuario, pintor, dibujante, decorador de interiores.

La muestra que hoy se exhibe en el museo público de New York, Cecil Beaton: The New York Years, pone a disposición del visitante de un modo ordenado y didáctico -obras separadas por cada artistas retratado o por evento o por año- tanto sus irónicas fotografías como dibujos y diseños de indumentaria para dar cuenta del impacto del artista en la ciudad.

No están las 600 obras con las que la National Portrait of London le rindió homenaje, pero si hay un puñado de piezas que dan cuenta de la exquisitez de su mirada y de su habilidad única para el retrato, tomando lo esencial del retratado, aquello que lo definía exactamente como quien era.

La obra de Beaton dejó su huella en el campo de la moda pero también en las puestas de Broadway -ambientación, diseño y vestuario-, en el ballet y en la opera donde su estética apareció siempre inconfundible: marca Beaton.

ZeVs (París, 1977) fue en los años 90s uno de los graffiteros más provocativos de su ciudad. Entre sus obras, se destacan sus ataques a imágenes publicitarias donde aparecen mujeres glamorosas, peleas dadas a través de la marca en el entrecejo con unas pinceladas gruesas de pintura roja. Un asesinato virtual. De las corporaciones y de lo que ellas hacían y hacen con las imágenes femeninas.

Conocí su obra casualmente este mes en New York, recorriendo azarosamente una serie de galerías por la zona de Chelsea. En el camino, me crucé con el galerista David de Buck, un ex broker que cambió el escritorio del banco por la mesa de la galería y apuesta fuerte a este artista rebelde, tratando de domesticarlo para que entre en el mercado del arte.

No es un trabajo sencillo. La acción más memorable de  Zevs, seudónimo de Aghirre Schwarze, fue haber intentado pintar el logo de Chanel en una de las tiendas Armani en Hong Kong. Por tal intervención estuvo preso varios días y fue demandados por daños irreparables por la firma italiana por más de 6 millones de euros. Finalmente, la imputación fue desestimada.

De Buck logró fichar a Zevs para su galería pero no cambiarle la cabeza, por suerte.

El artista negoció con realizar obras fuera de las calles y comenzó con su serie de imágenes secuestradas, al tomar algunas de internet e intervenirlas, siempre con su estilo corrosivo. Como esta “Enjoy” donde una imagen de la Psicosis de Hitchcock quiere ser más psicótica que el personaje asesino. Probablemente porque tome Coca Cola.

Actualmente, ZeVs está trabajando en dos planos.

Sigue su ataque a las corporaciones a través de su serie líquida, donde da cuenta de las desintegración de un modelo económico, a la vez que prepara un proyecto muy ambicioso para el MASP de Sao Paulo, donde espera versionar a Miguel Ángel y hacer su propio cielo, no en la Capilla Sistina sino en los techos de la líneas de metro de la ciudad.

Me encantó ZeVs, fue amor a primera vista.

Ojalá Sao Paolo compre finalmente la idea. De Buck me confió que aún están en negociaciones y, nobleza obliga,  no puedo publicar las imágenes que me facilitó porque el proyecto si bien no es secreto, requiere aún de cierta discresión.

No está ni en el MoMA ni en el MET ni en el Gugghenheim, ni siquiera en el riquísimo y ecléctico circuito de la galerías de Chelsea, el Upper West o Brooklyn. No. Lo nuevo está en el New Museum ubicado en el East Village, en los bordes donde Manhattan se funde el Noho, con Nolita, el ya viejo Soho, Chinatown y Little Italy. Sobre la avenida Bowery en la frontera que es la calle Houston se alza este nuevo museo de siete pisos, con una terraza que tiene una de las mejores vistas panorámicas de la zona y donde, desde los ascensores, ya empieza el recorrido artístico.

Twins, de Holler. Dos plasmas enfrentados instalados en el ascensor

La nueva apuesta del New Museum se llama Experience y es una intervención de sitio específico realizada por el artista belga residente en París, Carsten Holler, desde la planta baja hasta el cuarto piso. Todas las obras son interactivas, desde un sauna donde se ingresa de modo individual y el museo provee de toalla, pasando por una calesita hecha en un 80 por ciento por espejos a la que se sube para dar todas las vueltas que se quiera, hasta una pecera debajo de la cual se ubican cuatro sillones para que quien quiera pueda recostarse y tener una visión cenital de los peces bañándose por sobre su cabeza.

Parte de la cola para participar de Slide

Es un pequeño parque de diversiones para adultos esta Experience de Holler que dicen que experimenta con psicotrópicos y fuerza su mirada ante distintas proyecciones de luz para realizar sus creaciones. La obra más inquietante la constituye un caño gigante instalado en el cuatro piso y que cruza el tercero hasta llegar al segundo en violenta picada. Se trata de Slide. Allí con una bolsa de arpillera provista por el museo y un casco idem, luego de hacer una cola de algo más de una hora, se puede vivir la experiencia de meterese solo en el caño y deslizarse a la velocidad de la bajada hasta el segundo piso en un trayecto sinuoso e incontrolable.

Preparativos para participar de Slide

El breve viaje da vértigo porque una vez metidos en el caño, lo único que se puede esperar es que la gravedad nos detenga. Y lo hace. En el segundo piso, personal del museo espera a cada aventurero, le quita el caso y recoge la bolsa de arpillera en tanto chequea con sutileza que no haya sufrido ningún daño. En el transcurso del viaje por el caño se escuchan gritos más de miedo que de excitación. Quizá lo que el artista experimentó con los psicotrópicos y traduce en esta bajada literalmente alucinante por su caño gordo.

Distintos momentos del viaje que propone Slide

Me divertí mucho en el New museum, como hacía tiempo y encontré un modo gozoso y diferente de interactuar con una obra ajena, donde la interacción no se convertía en puro bla bla. El sauna, la calesita, el caño y los tubos de luz instalados en las cuatro paredes del segundo piso donde llega el que hizo el viaje del caño que, además de tratar de quitar el temblor de su cuerpo, tiene que lidiar con el efecto parpadeo que propone el artista es -efectivamente- en verdadero viaje, donde las artes visuales ejecutan un oximoron y se convierten en arte para apreciar con los ojos cerrados. Sí, el arte de Holler en el New Museum es, literalmente, alucinante.

(Nota ampliada sobre todas las actividades del museo en el próximo número de revista Red)