ZeVs (París, 1977) fue en los años 90s uno de los graffiteros más provocativos de su ciudad. Entre sus obras, se destacan sus ataques a imágenes publicitarias donde aparecen mujeres glamorosas, peleas dadas a través de la marca en el entrecejo con unas pinceladas gruesas de pintura roja. Un asesinato virtual. De las corporaciones y de lo que ellas hacían y hacen con las imágenes femeninas.
Conocí su obra casualmente este mes en New York, recorriendo azarosamente una serie de galerías por la zona de Chelsea. En el camino, me crucé con el galerista David de Buck, un ex broker que cambió el escritorio del banco por la mesa de la galería y apuesta fuerte a este artista rebelde, tratando de domesticarlo para que entre en el mercado del arte.
No es un trabajo sencillo. La acción más memorable de Zevs, seudónimo de Aghirre Schwarze, fue haber intentado pintar el logo de Chanel en una de las tiendas Armani en Hong Kong. Por tal intervención estuvo preso varios días y fue demandados por daños irreparables por la firma italiana por más de 6 millones de euros. Finalmente, la imputación fue desestimada.
De Buck logró fichar a Zevs para su galería pero no cambiarle la cabeza, por suerte.
El artista negoció con realizar obras fuera de las calles y comenzó con su serie de imágenes secuestradas, al tomar algunas de internet e intervenirlas, siempre con su estilo corrosivo. Como esta “Enjoy” donde una imagen de la Psicosis de Hitchcock quiere ser más psicótica que el personaje asesino. Probablemente porque tome Coca Cola.
Actualmente, ZeVs está trabajando en dos planos.
Sigue su ataque a las corporaciones a través de su serie líquida, donde da cuenta de las desintegración de un modelo económico, a la vez que prepara un proyecto muy ambicioso para el MASP de Sao Paulo, donde espera versionar a Miguel Ángel y hacer su propio cielo, no en la Capilla Sistina sino en los techos de la líneas de metro de la ciudad.
Me encantó ZeVs, fue amor a primera vista.
Ojalá Sao Paolo compre finalmente la idea. De Buck me confió que aún están en negociaciones y, nobleza obliga, no puedo publicar las imágenes que me facilitó porque el proyecto si bien no es secreto, requiere aún de cierta discresión.





