Este año la Tate Modern de Londres en asociación con YouTube inauguró un espacio exclusivamente virtual para la apreciación de performances en vivo que luego quedan alojadas en el sitio para ser vistas por los usuarios.
Es uno más de la comunidad artística porteña. Hablo del ítalosuizo Gian Paolo Minelli, vecino del barrio de San Telmo, donde vive parte del año, alternando sus días con Ticino, la pequeña ciudad suiza donde comenzó a delinear el tipo de artista que es hoy.
El martes 4 de octubre inaugura en Bellinzona su nueva muestra Il nemico è l’età (El enemigo es la edad) curada por Anna Lisa Galizia donde reúne sus trabajos y fotografías recientes. Vuelve a mostrar Arrastre (2006), el conmovedor y audaz trabajo que realizó en Piedrabuena, en la periferia de Buenos Aires, con los ojos muy abiertos pero sobre todo con el corazón en sintonía y respeto por los jóvenes “trajinados” a los que retrataba. “Con la misma aproximación humanista”, como dice su curadora, Minelli muestra ahora su trabajo más reciente, Cite Desnos, realizado en la Ciudad de los poetas en la periferia de París, a minutos de Le Marais, el barrio de las galerías y de los bares de moda de la capital francesa, pero que no se parece en nada al mismo. Es un barrio habitado pero a punto de ser demolido. Minelli no sólo se detiene en las que quizá fueron exquisitas estructuras arquitectónicas, en todo casi si lo hace, es siempre una excusa para escuchar a la gente, para hacerlos hablar y sobre todo para escucharlos y a través de la palabra dada, devolverles su dignidad. Así, recorre la vida de cinco personas con quienes quería indagar precisamente qué tipo de conexión existía en sus vidas con ese espacio pero se dejó ganar por el deseo de sus “personajes”, ellos evocar sus afectos pasados y sus pasiones, aquellos que fueron suspendidos por esas cosas de la vida, de esas vidas truncas donde el tiempo quizá pasó acelerado, no como una posibilidad sino como una afrenta. Y llego la vejez sin posibilidad de saldo.
Si en Arrastre los jóvenes eran invitados a tener un espacio visual y auditivo, en Cite... son los mayores los que cuentan cómo la vida se fue desmenuzando hasta convertirse en un recuerdo. En ambos casos, la edad aparece como el enemigo de las imposibilidades y de la felicidad y la ausencia injusta de esa posibilidad, la de ser felices, es quizá la búsqueda empecinada que hace Minelli tras su cámara, con sus ojos y su corazón alertas y les suma su oído afilado. En Arrastre y Cite… da la palabra a quienes raramente son escuchados. Convierte sus cuerpos en la evidencia de su existencia pero hace de sus dichos algo más que el ruido rencoroso de palabras hiladas al viento: son relatos de historias de vida de distintas periferias -aunque los bordes siempre se parecen- donde se los esconde como despojos, vuelven a la vida desde estos retratos de Minelli y, al volver, recuperan la posibilidad de buscar ser felices y, quizá, hasta lograrlo.
Eso es lo que tiene el arte de Minelli, no mira con compasión, su mirada proactiva devuelve la ilusión a aquellos que ya habían olvidado el significado su una palabra que es motor de vida. No sé si se da cuenta, quizá su búsqueda sea otra, o además también otra pero el resultado parece cruzar el límite del cuadro y la pantalla y se planta en esas calles habitadas antes por fantasmas que recuperan parte de su humanidad arrebatada.
“El enemigo es la edad”, habla del poder que para serlo necesita de esos márgenes deshumanizados, el enemigo es la larga data de ese poder, su larga vida impune.
La muestra pasará por París y luego, sólo luego, tendrá su parada en Buenos Aires.
Luego de unos meses en los que anduvimos recorriendo otros blogs, revistas virtuales y en papel, lanzando nuevos productos relacionados con el arte contemporáneo, La Forastera vuelve a la ruta.
Estamos con los ojos puestos en la 54a Bienal de Venecia que arrancó este sábado 4.
La Bienal, dirigida por Bice Curiger bajo la presidencia de Paolo Baratta, se lanza este año con el nombre de ILLUMInazioni – ILLUMInations y se despliega en el Pabellón Central de I Giardini y en el Arsenale, formando un itinerario único que presenta a 82 artistas de todo el mundo.
Adrián Villar Rojas, el rosarino que representa a Argentina en la Bienal
Según Bice Curiger, “ILLUMInations destaca la comprensión intuitiva y la iluminación del pensamiento fomentados por un encuentro con el arte y con su habilidad de afilar las herramientas de la percepción. Mientras que la última bienal subrayó la creatividad constructiva, ILLUMInations se centrará en la experiencia iluminadora, en las epifanías producto de la comprensión intelectual intercomunicativa”.
Tres dibujos de Tintoretto, uno de los mayores exponentes de la pintura veneciana, darán la bienvenida a los visitantes en la sala de ingreso del Pabellón Central.
El objetivo es: “desafiar las convenciones de una exposición centrada en el hoy” y “establecer una relación artística, histórica y emocional con el contexto”. Y es que, según reconoció Curiger ha querido incluir “cosas que normalmente se habrían quedado fuera” de un evento de este tipo.
Junto a las obras de Tintoretto, esta edición cuenta con una novedad bautizada como “parapabellones”. Cuatro estructuras arquitectónicas y escultóricas realizadas para la muestra, que acogerán en su interior el trabajo varios artistas.
Una forma más de unir a las culturas representadas en la Bienal y en la que tendrá un papel activo el guipuzcoano Asier Mendizábal, quien está previsto que exponga su obra en el interior de una estructura diseñada por el estadounidense Oscar Tuazon.
Buenas noticias para la representación argentina: el artista rosarino Adrián Villar Rojas, cuya obra se expone en el pabellón central de la Bienal de Venecia bajo la curaduría de Rodrigo Alonso vivió un fin de semana cargado de emociones varias: el viernes recibió la visita de la presidenta Cristina Fernández y unas horas después ganó el premio Benesse Prize, que Japón entrega a “artistas emergentes”. Según Alonso, el que apostó fuerte a este artista bien joven y sus monumentales esculturas, “con este paisaje apocalíptico de once esculturas de seis metros de alto, Villar Rojas prosigue en esa suerte de obsesión que tiene por el tema del fin de la humanidad, de la que los artistas serían los últimos representantes”.
Si está lejos, te proponemos un itinerario fotográfico tanto por I Giardini como por il Arsenale, donde se encuentran las obras más vanguardistas.
En la exquisita y breve galería Espacio mínimo de la calle Forquet de Madrid, frontera entre el Barrio de las Letras y Lavapiés, Liliana Porter, la consagrada artista argentina que reside en NYork, expone su muestra Supporting with levitating Rabbit.