No está ni en el MoMA ni en el MET ni en el Gugghenheim, ni siquiera en el riquísimo y ecléctico circuito de la galerías de Chelsea, el Upper West o Brooklyn. No. Lo nuevo está en el New Museum ubicado en el East Village, en los bordes donde Manhattan se funde el Noho, con Nolita, el ya viejo Soho, Chinatown y Little Italy. Sobre la avenida Bowery en la frontera que es la calle Houston se alza este nuevo museo de siete pisos, con una terraza que tiene una de las mejores vistas panorámicas de la zona y donde, desde los ascensores, ya empieza el recorrido artístico.
Twins, de Holler. Dos plasmas enfrentados instalados en el ascensor
La nueva apuesta del New Museum se llama Experience y es una intervención de sitio específico realizada por el artista belga residente en París, Carsten Holler, desde la planta baja hasta el cuarto piso. Todas las obras son interactivas, desde un sauna donde se ingresa de modo individual y el museo provee de toalla, pasando por una calesita hecha en un 80 por ciento por espejos a la que se sube para dar todas las vueltas que se quiera, hasta una pecera debajo de la cual se ubican cuatro sillones para que quien quiera pueda recostarse y tener una visión cenital de los peces bañándose por sobre su cabeza.
Parte de la cola para participar de Slide
Es un pequeño parque de diversiones para adultos esta Experience de Holler que dicen que experimenta con psicotrópicos y fuerza su mirada ante distintas proyecciones de luz para realizar sus creaciones. La obra más inquietante la constituye un caño gigante instalado en el cuatro piso y que cruza el tercero hasta llegar al segundo en violenta picada. Se trata de Slide. Allí con una bolsa de arpillera provista por el museo y un casco idem, luego de hacer una cola de algo más de una hora, se puede vivir la experiencia de meterese solo en el caño y deslizarse a la velocidad de la bajada hasta el segundo piso en un trayecto sinuoso e incontrolable.
Preparativos para participar de Slide
El breve viaje da vértigo porque una vez metidos en el caño, lo único que se puede esperar es que la gravedad nos detenga. Y lo hace. En el segundo piso, personal del museo espera a cada aventurero, le quita el caso y recoge la bolsa de arpillera en tanto chequea con sutileza que no haya sufrido ningún daño. En el transcurso del viaje por el caño se escuchan gritos más de miedo que de excitación. Quizá lo que el artista experimentó con los psicotrópicos y traduce en esta bajada literalmente alucinante por su caño gordo.

Distintos momentos del viaje que propone Slide
Me divertí mucho en el New museum, como hacía tiempo y encontré un modo gozoso y diferente de interactuar con una obra ajena, donde la interacción no se convertía en puro bla bla. El sauna, la calesita, el caño y los tubos de luz instalados en las cuatro paredes del segundo piso donde llega el que hizo el viaje del caño que, además de tratar de quitar el temblor de su cuerpo, tiene que lidiar con el efecto parpadeo que propone el artista es -efectivamente- en verdadero viaje, donde las artes visuales ejecutan un oximoron y se convierten en arte para apreciar con los ojos cerrados. Sí, el arte de Holler en el New Museum es, literalmente, alucinante.
(Nota ampliada sobre todas las actividades del museo en el próximo número de revista Red)